En 1912, Monseñor José Mora del Río, Arzobispo de México, hizo un llamado a al mujer mexicana para que trabajara en la "Acción Social Católica", secundando así los deseos del Papa Pío X, cuyo lema del Pontificado era "Restaurarlo todo en Cristo".

En 1929, por disposición del Episcopado Mexicano, esta benemérita organización se transformo en la Unión femenina -Católica Mexicana, como la organización que atendería el campo de la mujer adulta.

Campo específico que le corresponde
Los campos propios de la UFCM son: la familia, la parroquia, la diócesis, la región pastoral, y las estructuras sociales en donde viven sus asociados.

Promover la evangelización integral de la mujer, en orden a la transformación en Cristo de las personas y de los ambientes concretos en que vive.
La UFCM busca que la mujer se integre a su propia familia, como iglesia doméstica y haga de ella una verdadera comunidad donde se crezca en la fe y se viva el compromiso cristiano.

La UFCM utiliza para ellos, una metodología activa como son talleres de trabajo, círculos de estudio y la encuesta apostólica, así como ediciones particulares.

Los grupos tienen como función, primordialmente asumir las líneas pastorales diocesanas y parroquiales, poniendo en práctica el fin, los objetivos y los medios propios de la UFCM, mediante su proyección en la comunidad.

 


Las funciones del grupo base son, la promoción, dirección y coordinación de las actividades del grupo. 


La coordinación con las diversas organizaciones de apostolado en la parroquia, así como la unidad con las otras organizaciones de la ACM.

El Obispo es, en el plano Diocesano, signo y constructor de la unidad y promotor de la comunidad diocesana, por lo que la UFCM debe:
1. Estar siempre atenta a las orientaciones de su obispo para ponerlas en práctica.
2. Examinar la realidad social de la Diócesis, como punto de partida de sus trabajos.
3. Integrarse a los planos pastorales, sin perder su identidad.
4. Por lo tanto el grupo parroquial debe insertarse en su ambiente desde su pertenencia parroquial. Debe de tener una participación activa, ser promotor de cambio de su barrio o colonia, comprometido en la evangelización del ambiente.