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PROYECTO ACM ¡Camino de todos a una nueva etapa!
Documento Preparatorio de Asambleas, para dar razones de nuestra Esperanza 2010 ORACIÓN Señor, Tú has sido muy generoso conmigo, me cuidas y consientes como si fuera el único ser en la tierra. Te agradezco y te alabo por todas estas muestras de amor cada día. (Piensa, ¿cómo te muestra Dios su amor?. Comparte al grupo). Me has permitido pertenecer en la iglesia, a la ACM y quiero hoy renovar mi compromiso de crear un mundo mejor. Un mundo donde no haya peleas, no haya injusticia, no haya mentiras y no haya odio. (Piensa, ¿por qué hay peleas, injusticias, mentiras y odio?. Comparte al grupo). Por ello, dame la fuerza para cambiar yo: que sea pacífico, que sea justo, que sea veraz y que muestre cada día a mi prójimo el amor que Tú me tienes. (Piensa qué actitud tienes que cambiar urgentemente). Santos patronos y mártires de Acción Católica Mexicana, rueguen por nosotros. "La Paz de Cristo, en el Reino de Cristo"
INTRODUCCIÓN La ACCIÓN CATÓLICA MEXICANA está celebrando sus 80 años de vida. Providencialmente coincide este festejo con los 200 años de la Independencia de México y los 100 años de la Revolución. Acabamos de celebrar el año dedicado a los sacerdotes. Se puede decir que el ambiente festivo nos invade. Por otro lado, México vive convulsionado por eventos que marcan esta época: la presencia creciente del crimen organizado y su combate por el gobierno, las crisis en las instituciones gubernamentales, la familia, la iglesia, los partidos políticos, etc. Condiciones de injusticia que aún prevalecen en lo social, económico, acceso a oportunidades de desarrollo, etc. La ACM durante su celebración en Puebla en Julio de 2009, se dio cuenta de lo valioso de su aportación al desarrollo del país y recordó a las grandes figuras de laicos comprometidos, analizó su realidad organizativa cuya acción está diezmada y es poco efectiva y clarificó los muchos retos que tiene en lo organizativo y en su proyección a la sociedad, lo cual plantea un escenario de urgencia de presencia de "discípulos misioneros", luz del mundo, que anuncien a Cristo, único camino seguro para establecer el Reino de verdad, justicia, amor y paz que estamos llamados a construir como bautizados. Por ello, con gran esperanza te presentamos esta iniciativa que todos nosotros, miembros de ACM, estamos construyendo para preparar las líneas que permitan por un lado, reasumir nuestra identidad de AC y por otro aportar como protagonistas, nuestra contribución a estas celebraciones que nos lleven a lograr una sociedad más evangelizada y evangelizadora. Sólo tu participación entusiasta y tu cambio de actitud hará la diferencia que todos estamos buscando. México puede ser diferente si tú te comprometes, si cada mexicano, si cada bautizado, si cada miembro de ACM actúa responsablemente. Por tanto queremos: ¡CAMINAR TODOS JUNTOS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL PROYECTO ACM!
Hasta ahora los pasos que hemos dado son (ver cuadro anterior): 1.-Los preparativos de la Celebración de Puebla, en el se invitó a toda la ACM, en todos los niveles, para contestar un cuestionario que permitiera refrescar la mente de lo valioso de la aportación de la ACM en el pasado, detectar aquellos retos que existen hoy para evangelizar y prever cómo la ACM enfrentará el futuro esperanzador. 2.- La Celebración en Puebla, congregó a 1,500 miembros y permitió identificar los grandes retos para la ACM. 3.- Esos retos se han enmarcado dentro de las 4 notas que distinguen a la ACM (ver círculo esquemático más adelante) y justamente ahora estamos en el proceso de elaborar el PROYECTO ACM, que permitirá retomar conciencia de nuestro ser y nuestro compromiso organizativo. Por ello hoy TODOS debemos participar y te entregamos este instrumento para que lo trabajes en tu Junta o Comité, vayas preparando el futuro esperanzador que anhelamos para nuestra organización. Qué mejor regalo para México en este tiempo de festejos, que nuestra toma de conciencia y nuestra renovación de compromiso para hacer de éste, un país mejor. Por ello esperamos todos, dar razones de nuestra esperanza participando entusiastamente en este proceso: ¡ANIMO!
APOSTOLICIDAD La MISIÓN fundamental de la AC, es EVANGELIZAR a sus miembros para que éstos evangelicen en sus comunidades. La Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi nos dice que Evangelizar es un proceso mediante el cual la Iglesia:
"Hay que crear humanidad nueva, con hombres nuevos"
La AC orienta su acción evangelizadora institucional, buscando su PRESENCIA PUBLICA EN LA SOCIEDAD. La Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi nos ilumina también sobre algunas realidades que hay que EVANGELIZAR y que hoy se encuentran en contraste (en oposición) con la Palabra de Dios y con el designo de salvación.
En síntesis: "Hay que formar una sociedad nueva con valores evangélicos"
SEGLARIDAD Tú eres:
"Os corresponde preferentemente a vosotros laicos, demostrar que es posible un proyecto de vida que corresponda a la sabiduría que viene de Dios y darlo a conocer al mundo" S.S. Juan Pablo II a la AC Italiana. El laico por su bautismo no solamente se ha convertido en cristiano, sino en Cristo mismo. Nuestra vocación es la santidad, es una exigencia fundamental de nuestro ser cristiano. Este llamado implica un compromiso con el mundo y con la Iglesia. Somos "hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia y hombres y mujeres de la Iglesia en el corazón del mundo" (Puebla 786) Laicado organizado
Laicado Organizado --> Realidades Temporales
"...hacen falta laicos que acepten vivir, en la realidad secular, modelos de vida cristina conforme con el anuncio de la fe, realizando concretamente en su condición de todo lo que el Evangelio enseña y proclama " S.S. Juan Pablo II a la AC Italiana. ¿Qué es formar?
S.S. Juan Pablo II afirma: "La formación no es el privilegio de algunos, sino un derecho y un deber de todos " (ChL.63). La formación es un elemento fundamental en nuestra vida, es una responsabilidad personal, un camino abierto, interesante, y que nos compromete en el servicio a los demás. Nuestra formación debe ser integral, con un sentido cristiano. "Para actuar con fidelidad a la voluntad de Dios hay que ser capaz y hacerse cada vez más capaz" (ChL.58) La formación integral nos lleva a descubrir nuestra vocación para cumplir con nuestra misión y abarca a todo el ser humano. Algunos aspectos de la formación básica: 1. Formación espiritual, vinculación con los sacramentos. 2. Formación doctrinal, contenido fundamental de nuestra fe y la Doctrina Social de la Iglesia. 3. Formación en los valores ¿Cómo conocemos el avance en nuestra formación cristiana, o sea nuestra formación integral?: "hasta que Cristo se forme en vosotros" (Gal. 4, 19)
ORGANICIDAD Nuestro Estatuto nos define como UNA COMUNIDAD. Recordando la primera comunidad de los apóstoles, ellos supieron cómo hacer comunidad y mantenerse unidos, (He 2, 42-44) El gran problema en las organizaciones hoy, es la crisis de identidad que se traduce en una creciente falta de unidad, así cada quien ve por sus intereses, en lugar de ver por el conjunto (los partidos políticos ven su ventaja electoral antes que el bienestar del país, los grupos del poder velan por sus ganancias, antes de ver por el bien de toda la sociedad, los miembros de la familia ven su preocupación personal antes que la unidad del grupo). La ACM con el tiempo ha perdido su identidad y se ha desunido: ha pesado más cada organismo que la Organización. "Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, también nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros". (Ro 12, 4 y 5) Hemos privilegiado la estructura más que su adecuado funcionamiento. "...transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto" (Ro 12, 2) Nos hemos acostumbrado a hacer lo que hacemos y como lo hemos hecho siempre, sin fijarnos que ya no somos atractivos hacia afuera, de ahí la disminución numérica de nuestras organizaciones, especialmente las de jóvenes. Las organizaciones TODAS, pasamos este momento de crisis que visto a los ojos de la Esperanza Cristiana, es un momento de grandes oportunidades para hacer las cosas nuevas, manteniendo la esencia original. Hay que volver a los principios originales que nos fundaron y cambiar solo lo necesario. Si queremos los mismos resultados que hasta ahora, debemos seguir haciendo lo mismo, pero si queremos resultados mejores, debemos actuar más acertadamente. Hoy, la ACM necesita mejorar:
El cambio por uno mismo, es el principio para que las cosas cambien. "Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa..." ICor 5, 7 JERARQUICIDAD La ACM es... una comunidad, que reconoce un llamado en común y al que cada miembro responde de manera estable, que cultiva y fortalece la comunión con el Obispo, con el Sacerdote y las demás asociaciones y movimientos eclesiales.
La AC es un llamado a la santidad sirviendo a la Iglesia particular y a su misión como orientación fundamental compromiso apostólico poniendo todas sus energías apostólicas al servicio de la comunión, ayudando en sus parroquias y comunidades a redescubrir la pasión por en anuncio del Evangelio y por la solicitud pastoral, mirando el mundo con los ojos de Dios, para escrutar en él los signos de la presencia del Espíritu. Ahora bien, sentimos que la AC no es tomada en cuenta, no interesa, no es aceptada, no es apoyada por los Obispos o los Sacerdotes, cabe preguntarse:
Como comunidad eclesial, la caridad hacia sus miembros se muestra en acciones concretas. Los Obispos y Sacerdotes, son susceptibles a la atención que se les brinda, tanto a sus orientaciones como a su persona.
Si queremos mirar al futuro, debemos cultivar una relación estrecha con nuestros pastores, sus representantes y los que pronto continuarán con esta labor.
En el concierto de la comunidad eclesial, hay otros grupos que colaboran en su construcción.
Si respondimos SI a todo lo anterior, entonces la AC está viva, si no es así, la iniciativa no está del otro lado, sino de nuestro lado, de seguir haciendo lo mismo, es de esperarse que haya los mismos resultados. Los Obispos y Sacerdotes nos necesitan, pero nos necesitan para integrarnos activa y efectivamente en la COMUNIDAD ECLESIAL.
REFLEXIÓN SERIA Y PROFUNDA Tu aportación es fundamental para diseñar este proyecto ACM, te pedimos que a la luz de todo lo anterior hagas una reflexión seria y a fondo y posteriormente hagas tu aportación muy concreta y que pueda ponerse en práctica: 1.- La Acción Católica Mexicana a través de su historia ha debilitado su anuncio y denuncia pública en situaciones antievangélicas, en los diferentes ámbitos de la sociedad, esto como resultado del desinterés por una formación integral orientada a su misión evangelizadora. ¿Qué acciones propone la ACM en tu diócesis para lograr:
2.- Una de las realidades de México es la ausencia de líderes cristianos formados en AC para estar en los diferentes campos: tecnológico, científico, cultural, deportivo, político, rural entre otros. Ante esta lamentable realidad, ¿qué caminos ha de seguir la Acción Católica para formar e impulsar a sus líderes a que incidan activamente en las estructuras mencionadas? 3.-La disfuncionalidad estructural de los organismos nacionales y diocesanos impide una mayor unidad entre los militantes y dificultan la agilización el la planeación y realización de los proyectos. ¿Qué cambios propones para una estructura más operante para todos los niveles? Hemos de reconocer que una de las grandes preocupaciones de la AC de los últimos tiempos es la disminución notable de su militancia en todas sus organizaciones, afectando especialmente al sector juvenil, es el momento ideal para reflexionar las causas que nos han generado ésta situación, y dar propuestas que nos lleven a una solución. ¿Qué acciones concretas se han de realizar para iniciar una recuperación inmediata de esta situación? La debilidad económica que viven los organismos de la AC, impiden la realización de servicios que impulsen una profunda evangelización en todos los campos ¿Sugieres algún proyecto económico, concreto a nivel nacional? 4.- En épocas pasadas se sentía una atención cuidadosa de los pastores hacia la AC. Dolorosamente hoy se percibe cierto desinterés y apatía de muchos de ellos, esto, entre otros factores ha provocado la falta de acompañamiento del asistente eclesiástico, elemento vital para el desarrollo fecundo de la AC.
La mayoría de los organismos diocesanos se sienten ajenos a los planes pastorales de sus Obispos, la AC tienen que ser parte medular en ellos.
¡FELICIDADES, CON TU CONTRIBUCIÓN, RENUEVAS LA ACM!
INSTRUCTIVO
¡GRACIAS!
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Barranca del Muerto No. 482,Col Los Alpes C.P 01010 México, D.F. |
México, D.F. 24 de junio de 2010.
ING. EDUARDO RAMÍREZ CATO
Coordinador del VI Encuentro Continental Americano de AC
Asunto: Comunicado a Medios de Información
Con el tema “Vida, Pan, Paz y Libertad, Laicos de AC en la ciudad para un mundo más humano”, el Foro Internacional de Acción Católica, realizará en México el VI Encuentro Continental Americano de Acción Católica en la casa sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano en Lago de Guadalupe, Cuautitlán Izcalli, Estado de México, del 8 al 11 de julio próximo. Se trata de encontrar respuestas desde la Fe para cumplir la misión de los laicos de Acción Católica para lograr un mundo más humano a partir de la revisión de la realidad social, eclesial y asociativa, con fundamento en el documento de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM) suscrito en Aparecida, Brasil. Participarán connotados personajes, entre ellos: S.E. Mons. Carlos Aguiar Retes, Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, S.E. Mons. Javier Navarro Rodríguez, Responsable de la DELAI, S.E. Mons. Jorge Lozano, Responsable de pastoral social del CELAM y el Dr. Rodrigo Guerra López, autor de numerosos libros y asesor de instituciones nacionales y extranjeras. Firman la convocatoria a este Foro, el Ing. Emilio Inzaurraga coordinador del Secretariado del Foro, y Mons. Doménico Sigalini asistente eclesiástico del FIAC y de la Acción Católica Italiana.
Agradecemos de antemano la publicación de esta nota en su importante medio de información.
Atentamente
Emilio Bravo M
Coordinador de Comunicación.
NOTA: Para más información o aclaraciones ponemos a su atención el correo electrónico emiliobravom@hotmail.com y celular 7224072517.
MENSAJE DE S.S. BENEDICTO XVI Urbi et Orbi
Queridos hermanos y hermanas:
Os anuncio la Pascua con estas palabras de la Liturgia, que evocan el antiquísimo himno de alabanza de los israelitas después del paso del Mar Rojo. El libro del Éxodo (cf. 15, 19-21) narra cómo, al atravesar el mar a pie enjuto y ver a los egipcios ahogados por las aguas, Miriam, la hermana de Moisés y de Aarón, y las demás mujeres danzaron entonando este canto de júbilo: «Cantaré al Señor, sublime es su victoria, / caballos y carros ha arrojado en el mar». Los cristianos repiten en todo el mundo este canto en la Vigilia pascual, y explican su significado en una oración especial de la misma; es una oración que ahora, bajo la plena luz de la resurrección, hacemos nuestra con alegría: «También ahora, Señor, vemos brillar tus antiguas maravillas, y lo mismo que en otro tiempo manifestabas tu poder al librar a un solo pueblo de la persecución del faraón, hoy aseguras la salvación de todas las naciones, haciéndolas renacer por las aguas del bautismo. Te pedimos que los hombres del mundo entero lleguen a ser hijos de Abrahán y miembros del nuevo Israel».
El Evangelio nos ha revelado el cumplimiento de las figuras antiguas: Jesucristo, con su muerte y resurrección, ha liberado al hombre de aquella esclavitud radical que es el pecado, abriéndole el camino hacia la verdadera Tierra prometida, el Reino de Dios, Reino universal de justicia, de amor y de paz. Este "éxodo" se cumple ante todo dentro del hombre mismo, y consiste en un nuevo nacimiento en el Espíritu Santo, fruto del Bautismo que Cristo nos ha dado precisamente en el misterio pascual. El hombre viejo deja el puesto al hombre nuevo; la vida anterior queda atrás, se puede caminar en una vida nueva (cf. Rm 6,4). Pero, el "éxodo" espiritual es fuente de una liberación integral, capaz de renovar cualquier dimensión humana, personal y social.
Sí, hermanos, la Pascua es la verdadera salvación de la humanidad. Si Cristo, el Cordero de Dios, no hubiera derramado su Sangre por nosotros, no tendríamos ninguna esperanza, la muerte sería inevitablemente nuestro destino y el del mundo entero. Pero la Pascua ha invertido la tendencia: la resurrección de Cristo es una nueva creación, como un injerto capaz de regenerar toda la planta. Es un acontecimiento que ha modificado profundamente la orientación de la historia, inclinándola de una vez por todas en la dirección del bien, de la vida y del perdón. ¡Somos libres, estamos salvados! Por eso, desde lo profundo del corazón exultamos: «Cantemos al Señor, sublime es su victoria».
El pueblo cristiano, nacido de las aguas del Bautismo, está llamado a dar testimonio en todo el mundo de esta salvación, a llevar a todos el fruto de la Pascua, que consiste en una vida nueva, liberada del pecado y restaurada en su belleza originaria, en su bondad y verdad. A lo largo de dos mil años, los cristianos, especialmente los santos, han fecundado continuamente la historia con la experiencia viva de la Pascua. La Iglesia es el pueblo del éxodo, porque constantemente vive el misterio pascual difundiendo su fuerza renovadora siempre y en todas partes. También hoy la humanidad necesita un "éxodo", que consista no sólo en retoques superficiales, sino en una conversión espiritual y moral. Necesita la salvación del Evangelio para salir de una crisis profunda y que, por consiguiente, pide cambios profundos, comenzando por las conciencias.
Le pido al Señor Jesús que en Medio Oriente, y en particular en la Tierra santificada con su muerte y resurrección, los Pueblos lleven a cabo un "éxodo" verdadero y definitivo de la guerra y la violencia a la paz y la concordia. Que el Resucitado se dirija a las comunidades cristianas que sufren y son probadas, especialmente en Iraq, dirigiéndoles las palabras de consuelo y de ánimo con que saludó a los Apóstoles en el Cenáculo: "Paz a vosotros" (Jn20,21).
Que la Pascua de Cristo represente, para aquellos Países Latinoamericanos y del Caribe que sufren un peligroso recrudecimiento de los crímenes relacionados con el narcotráfico, la victoria de la convivencia pacífica y del respeto del bien común. Que la querida población de Haití, devastada por la terrible tragedia del terremoto, lleve a cabo su "éxodo" del luto y la desesperación a una nueva esperanza, con la ayuda de la solidaridad internacional. Que los amados ciudadanos chilenos, asolados por otra grave catástrofe, afronten con tenacidad, y sostenidos por la fe, los trabajos de reconstrucción.
Que se ponga fin, con la fuerza de Jesús resucitado, a los conflictos que siguen provocando en África destrucción y sufrimiento, y se alcance la paz y la reconciliación imprescindibles para el desarrollo. De modo particular, confío al Señor el futuro de la República Democrática del Congo, de Guínea y de Nigeria.
Que el Resucitado sostenga a los cristianos que, como en Pakistán, sufren persecución e incluso la muerte por su fe. Que Él conceda la fuerza para emprender caminos de diálogo y de convivencia serena a los Países afligidos por el terrorismo y las discriminaciones sociales o religiosas. Que la Pascua de Cristo traiga luz y fortaleza a los responsables de todas las Naciones, para que la actividad económica y financiera se rija finalmente por criterios de verdad, de justicia y de ayuda fraterna. Que la potencia salvadora de la resurrección de Cristo colme a toda la humanidad, para que superando las múltiples y trágicas expresiones de una "cultura de la muerte" que se va difundiendo, pueda construir un futuro de amor y de verdad, en el que toda vida humana sea respetada y acogida.
Queridos hermanos y hermanas. La Pascua no consiste en magia alguna. De la misma manera que el pueblo hebreo se encontró con el desierto, más allá del Mar Rojo, así también la Iglesia, después de la Resurrección, se encuentra con los gozos y esperanzas, los dolores y angustias de la historia. Y, sin embargo, esta historia ha cambiado, ha sido marcada por una alianza nueva y eterna, está realmente abierta al futuro. Por eso, salvados en esperanza, proseguimos nuestra peregrinación llevando en el corazón el canto antiguo y siempre nuevo: "Cantaré al Señor, sublime es su victoria".
Discurso a los Jóvenes
Aparecida 2007
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del
Caribe
del 13 al 31 de mayo del 2007 · Aparecida - Brasil
Visita del Papa
del 9 al 13 de mayo del 2007
BRASIL - SÃO PAULO - 10.05.2007
Estadio de Pacaembu
¡Queridos jóvenes! ¡Queridos amigos y amigas!
«Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres […] luego ven, y sígueme.» (Mt 19,21).
1. He deseado ardientemente encontrarme con vosotros en éste mi primer viaje a América Latina. Vine a inaugurar la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano que, por deseo mío, va a realizarse en Aparecida, aquí en Brasil, en el Santuario de Nuestra Señora. Ella nos coloca a los pies de Jesús para aprender sus lecciones sobre el Reino e impulsarnos a ser sus misioneros, para que los pueblos de este “Continente de la Esperanza” tengan, en Él, vida plena. Vuestros Obispos de Brasil, en su Asamblea General del año pasado, reflexionaron sobre el tema de la evangelización de la juventud y colocaron en vuestras manos un documento. Pidieron que fuese acogido y perfeccionado por vosotros durante todo el año. En esta última Asamblea retomaron el asunto, enriquecido con vuestra colaboración, y anhelan que las ponderaciones hechas y las orientaciones propuestas sirvan como incentivo y faro para vuestro caminar. Las palabras del Arzobispo de São Paulo y del encargado de la Pastoral de la Juventud, las cuales agradezco, bien testifican el espíritu que os mueve a todos.
Ayer por la tarde, al sobrevolar el territorio brasileño,
pensaba ya en éste nuestro encuentro en el Estadio de
Pacaembu, con el deseo de daros un gran abrazo bien
brasileño, y manifestar los sentimientos que llevo en lo
íntimo del corazón y que a propósito, el Evangelio de hoy
nos quiso indicar.
Siempre he experimentado una alegría muy especial en estos
encuentros. Recuerdo particularmente la Vigésima Jornada
Mundial de la Juventud, que tuve la ocasión de presidir hace
dos años atrás en Alemania. ¡Algunos de los que están aquí
también estuvieron allá! Es un recuerdo conmovedor, por los
abundantes frutos de la gracia enviados por el Señor. Y no
queda la menor duda que el primer fruto, entre muchos, que
pude constatar fue el de la fraternidad ejemplar que hubo
entre todos, como demostración evidente de la perenne
vitalidad de la Iglesia por todo el mundo.
2. Pues bien, queridos amigos, estoy seguro de que hoy se
renuevan las mismas impresiones de aquel mi encuentro en
Alemania. En 1991, el Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II,
de venerada memoria, decía, a su paso por Mato Grosso
(Brasil), que los “jóvenes son los primeros protagonistas
del tercer milenio [...] son ustedes quienes van a trazar
los rumbos de esta nueva etapa de la humanidad” (Discurso
16/10/1991). Hoy, me siento movido a hacerles idéntica
observación. El Señor aprecia, sin duda, vuestra vivencia
cristiana en las numerosas comunidades parroquiales y en las
pequeñas comunidades eclesiales, en las Universidades,
Colegios y Escuelas y, especialmente, en las calles y en los
ambientes de trabajo de las ciudades y de los campos; se
trata, sin embargo, de ir adelante. Nunca podemos decir
basta, pues la caridad de Dios es infinita y el Señor nos
pide, o mejor, nos exige ensanchar nuestros corazones para
que en ellos quepa siempre más amor, más
bondad, más comprensión por nuestros semejantes y por los
problemas que envuelven no sólo la convivencia humana, sino
también la efectiva preservación y conservación de la
naturaleza, de la cual todos hacemos parte. “Nuestros
bosques tienen más vida”: no dejéis que se apague esta llama
de esperanza que vuestro Himno Nacional pone en vuestros
labios. La devastación ambiental de la Amazonía y las
amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones requieren
un mayor compromiso en los más diversos espacios de acción
que la sociedad viene pidiendo.
3. Hoy quiero con vosotros reflexionar sobre el texto de San Mateo (19, 16-22), que acabamos de oír. Habla de un joven. Él vino corriendo al encuentro de Jesús, merece que se destaque su ansia. En este joven veo a todos vosotros, jóvenes de Brasil y de América Latina. Vinisteis corriendo de diversas regiones de este Continente para nuestro encuentro; queréis oír, por la voz del Papa, las palabras del propio Jesús.
Como en el Evangelio, tenéis una pregunta importante que hacerle. Es la misma del joven que vino corriendo al encuentro de Jesús: ¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Me gustaría profundizar con vosotros esta pregunta. Se trata de la vida, la vida que, en vosotros, es exuberante y bella. ¿Qué hacer con ella? ¿Cómo vivirla plenamente?
Pronto entendemos, en la formulación de la propia pregunta,
que no basta el aquí y ahora, o sea, nosotros no conseguimos
delimitar nuestra vida al espacio y al tiempo, por más que
pretendamos extender sus horizontes. La vida os trasciende.
En otras palabras, queremos vivir y no morir. Sentimos que
algo nos revela que la vida es eterna y que es necesario
empeñarnos para que esto acontezca. En otras palabras, ella
está en nuestras manos y depende, de algún modo, de nuestra
decisión.
La pregunta del Evangelio no contempla apenas el futuro. No
trata apenas de una cuestión sobre qué pasará después de la
muerte. Hay, por el contrario, un compromiso con el presente
aquí y ahora, que debe garantizar autenticidad y
consecuentemente el futuro. En una palabra, la pregunta
cuestiona el sentido de la vida. Puede por eso ser formulada
así: ¿qué debo hacer para que mi vida tenga sentido? O sea:
¿cómo debo vivir para cosechar plenamente los frutos de la
vida? O mas aún: ¿qué debo hacer para que mi vida no
transcurra inútilmente? Jesús es el único capaz de darnos
una respuesta, porque es el único que puede garantizar la
vida eterna. Por eso también es el único que consigue
mostrar el sentido de la vida presente y darle un contenido
de plenitud.
4. Sin embargo, antes de dar su respuesta, Jesús cuestiona al joven con una pregunta muy importante: "¿Por qué me llamas bueno?" En esta pregunta se encuentra la clave de la respuesta. Aquel joven percibió qué Jesús es bueno y que es maestro. Un maestro que no engaña. Estamos aquí porque tenemos esta misma convicción: Jesús es bueno. Quizás no sabemos toda la razón de esta percepción, pero es cierto que ella nos aproxima a Él y nos abre a su enseñanza: un maestro bueno. Quien reconoce el bien es señal que ama, y quien ama, en la feliz expresión de San Juan, conoce a Dios (cf.1Jn 4,7). El joven del
Evangelio tuvo una percepción de Dios en Jesucristo.
Jesús nos garantiza que solo Dios es bueno. Estar abierto a la bondad significa acoger a Dios. Así Él nos invita a ver a Dios en todas las cosas y en todos los acontecimientos, inclusive ahí donde la mayoría solo ve la ausencia de Dios; viendo la belleza de las criaturas y constatando la bondad presente en todas ellas, es imposible no creer en Dios y no hacer una experiencia de su presencia salvífica y consoladora. Si lográsemos ver todo el bien que existe en el mundo y, más aún, experimentar el bien que proviene del propio Dios, no cesaríamos jamás de aproximarnos a Él, de alabarlo y agradecerle. Él continuamente nos llena de alegría y de bienes. Su alegría es nuestra fuerza.
Pero nosotros no conocemos sino de forma parcial. Para percibir el bien necesitamos de auxilios, que la Iglesia nos proporciona en muchas oportunidades, principalmente por la catequesis. Jesús mismo explicita lo que es bueno para nosotros, dándonos su primera catequesis. « si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos » (Mt 19,17). Él parte del conocimiento que el joven ya obtuvo ciertamente de su familia y de la Sinagoga: de hecho, conoce los mandamientos. Ellos conducen a la vida, lo que equivale a decir que ellos nos garantizan autenticidad. Son los grandes indicadores que nos señalan el camino cierto. Quien observa los mandamientos está en el camino de Dios.
No basta conocerlos. El testimonio vale más que la ciencia, o sea, es la propia ciencia aplicada. No nos son impuestos de fuera, ni disminuyen nuestra libertad. Por el contrario: constituyen impulsos internos vigorosos, que nos llevan a actuar en esta dirección. En su base está la gracia y la naturaleza, que no nos dejan inmóviles. Necesitamos caminar. Somos lanzados a hacer algo para realizarnos nosotros mismos. Realizarse, a través de la acción, en verdad, es volverse real. Nosotros somos, en gran parte, a partir de nuestra juventud, lo que nosotros queremos ser. Somos, por así decir, obra de nuestras manos.
5. En esta momento me vuelvo nuevamente a vosotros jóvenes, queriendo oír también de vosotros la respuesta del joven del Evangelio: "todo esto lo he observado desde mi juventud". El joven del Evangelio era bueno, observaba los mandamientos, estaba pues en el camino de Dios, por eso Jesús lo miró con amor. Al reconocer que Jesús era bueno, dio testimonio de que también él era bueno. Tenía una experiencia de la bondad y por eso, de Dios. Y vosotros, jóvenes de Brasil y de AméricaLatina ¿ya descubristeis lo que es bueno? ¿Seguís los mandamientos del Señor? ¿Descubristeis que éste es el verdadero y único camino hacia la felicidad? Los años estáis viviendo son los años que preparan vuestro futuro. El “mañana” depende mucho de cómo estéis viviendo el “hoy” de la juventud. Ante los ojos, mis queridos jóvenes, tenéis una vida que deseamos que sea larga; pero es una sola, es única: no la dejéis pasar en vano, no la desperdiciéis. Vivid con entusiasmo, con alegría, pero, sobretodo, con sentido de responsabilidad.
Muchas veces sentimos temblar nuestros corazones de pastores, constatando la situación de nuestro tiempo. Oímos hablar de los miedos de la juventud de hoy. Nos revelan un enorme déficit de esperanza: miedo de morir, en un momento en que la vida se está abriendo y busca encontrar el propio camino de realización; miedo de sobrar, por no descubrir el sentido de la vida; y miedo de quedar desconectado delante de la deslumbrante rapidez de los acontecimientos y de las comunicaciones.
Registramos el alto índice de muertes entre los jóvenes, la amenaza de la violencia, la deplorable proliferación de las drogas que sacude hasta la raíz más profunda a la juventud de hoy, se habla por eso, a menudo de una juventud perdida.
Pero mirándoos a vosotros, jóvenes aquí presentes, que irradiáis alegría y entusiasmo, asumo la mirada de Jesús: una mirada de amor y confianza, en la certeza de que vosotros encontrasteis el verdadero camino. Sois jóvenes de la Iglesia, por eso yo os envío para la gran misión de evangelizar a los jóvenes y a las jóvenes que andan errantes por este mundo, como ovejas sin pastor. Sed los apóstoles de los jóvenes, invítenlos a que vengan con vosotros, a que hagan la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor; se encuentren con Jesús, para que se sientan realmente amados, acogidos, con plena posibilidad de realizarse. Que también ellos y ellas descubran los caminos seguros de los Mandamientos y por ellos lleguen hasta Dios.
Podéis ser protagonistas de una sociedad nueva si buscáis poner en práctica una vivencia real inspirada en los valores morales universales, pero también un empeño personal de formación humana y espiritual de vital importancia. Un hombre o una mujer no preparados para los desafíos reales de una correcta interpretación de la vida cristiana de su medio ambiente será presa fácil de todos los asaltos del materialismo y del laicismo, cada vez más actuantes en todos los niveles.
Sed hombres y mujeres libres y responsables; haced de la familia un foco irradiador de paz y de alegría; sed promotores de la vida, desde el inicio hasta su final natural; amparad a los ancianos, pues ellos merecen respeto y admiración por el bien que os hicieron. El Papa también espera que los jóvenes busquen santificar su trabajo, haciéndolo con capacidad técnica y con laboriosidad, para contribuir al progreso de todos sus hermanos y para iluminar con la luz del Verbo todas las actividades humanas (cf. Lumen Gentium, N. 36). Pero, sobretodo, el Papa espera que sepan ser protagonistas de una sociedad más justa y más fraterna, cumpliendo las obligaciones ante al Estado: respetando sus leyes; no dejándose llevar por el odio y por la violencia; siendo ejemplo de conducta cristiana en el ambiente profesional y social, distinguiéndose por la honestidad en las relaciones sociales y profesionales.
Tengan en cuenta que la ambición desmedida de riqueza y de poder lleva a la corrupción personal y ajena; no existen motivos para hacer prevalecer las propias aspiraciones humanas, sean ellas económicas o políticas, con el fraude y el engaño.
Concluyendo, existe un inmenso panorama de acción en el cual las cuestiones de orden social, económica y política ganan un particular relieve, siempre que tengan su fuente de inspiración en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia La construcción de una sociedad más justa y solidaria, reconciliada y pacífica; la contención de la violencia y las iniciativas que promuevan la vida plena, el orden democrático y el bien común y, especialmente, aquellas que llevan a eliminar ciertas discriminaciones existentes en las sociedades latinoamericanas y no son motivo de exclusión, sino de recíproco enriquecimiento.
Tened, sobretodo, un gran respeto por la institución del Sacramento del Matrimonio. No podrá haber verdadera felicidad en los hogares si, al mismo tiempo, no hay fidelidad entre los esposos. El matrimonio es una institución de derecho natural, que fue elevado por Cristo a la dignidad de Sacramento; es un gran don que Dios hizo a la humanidad, Respetadlo, veneradlo. Al mismo tiempo, Dios os llama a respetaros también en el romance y en el noviazgo, pues la vida conyugal que, por disposición divina, está destinada a los casados es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en la que sepáis hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte de vuestras esperanzas futuras. Repito aquí para todos vosotros que «el eros quiere conducirnos más allá de nosotros mismos, hacia Dios, pero por eso mismo requiere un camino de ascesis, renuncias, purificaciones y saneamientos» (Carta encl. Dios caritas est, (25/12/2005), N. 5). En pocas palabras, requiere espíritu de sacrificio y de renuncia por un bien mayor, que es precisamente el amor de Dios sobre todas las cosas. Buscad resistir con fortaleza a las insidias del mal existente en muchos ambientes, que os lleva a una vida disoluta, paradójicamente vacía, al hacer perder el bien precioso de vuestra libertad y de vuestra verdadera felicidad. El amor verdadero “buscará siempre más la dicha del otro, se preocupará cada vez más de él, se donará y deseará existir para el otro” (Ib. N. 7) y, por eso, será siempre más fiel, indisoluble y fecundo.
Para ello, contáis con la ayuda de Jesucristo que, con su gracia, hará esto posible (cf. MT 19,26). La vida de fe y de oración os conducirá por los caminos de la intimidad con Dios, y de la comprensión de la grandeza de los planes que Él tiene para cada uno. “Por amor del reino de los cielos” (ib., 12), algunos son llamados a una entrega total y definitiva, para consagrarse a Dios en la vida religiosa, “eximio don de la gracia”, como fue definido por el Concilio Vaticano II (Decr. Perfectae caritatis, n.12).
Los consagrados que se entregan totalmente a Dios, bajo la moción del Espíritu Santo, participan en la misión de Iglesia, testimoniando la esperanza en el Reino celeste ante todos los hombres. Por eso, bendigo e invoco la protección divina a todos los religiosos que dentro de la mies del Señor se dedican a Cristo y a los hermanos. Las personas consagradas merecen, verdaderamente, la gratitud de la comunidad eclesial: monjes y monjas, contemplativos y contemplativas, religiosos y religiosas dedicados a las obras de apostolado, miembros de institutos seculares y de las sociedades de vida apostólica, eremitas y vírgenes consagradas. “Su existencia da testimonio del amor a Cristo cuando ellos se encaminan por su seguimiento, tal como éste se propone en el Evangelio y, con íntima alegría, asumen el mismo estilo de vida que Él escogió para Sí” (Congr. para los Inst. de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica: Instr. Partir de Cristo, N. 5). Hago votos de que, en este momento de gracia y de profunda comunión en Cristo, el Espíritu Santo despierte en el corazón de tantos jóvenes un amor apasionado en el seguimiento e imitación de Jesucristo casto, pobre y obediente, dirigido completamente a la gloria del Padre y al amor de los hermanos y hermanas.
6. El Evangelio nos asegura que aquel joven, que vino corriendo al encuentro de Jesús, era muy rico. Entendemos esta riqueza no apenas en el plano material, la propia juventud es una riqueza singular. Es necesario descubrirla y valorarla. Jesús le dio tal valor que invitó a este joven a participar de su misión de salvación. Tenía todas las condiciones para una gran realización y una gran obra. Pero el Evangelio nos refiere que ese joven se entristeció con la invitación. Se alejó abatido y triste. Este episodio nos hace reflexionar una vez más sobre la riqueza de la juventud. No se trata, en primer lugar, de bienes materiales, sino de la propia vida, con los valores inherentes a la juventud. Proviene de una doble herencia: la vida, transmitida de generación en generación, en cuyo origen primero está Dios, lleno de sabiduría y de amor; y la educación que nos inserta en la cultura, a tal punto que, en cierto sentido, podemos decir que somos más hijos de la cultura y por eso de la fe, que de la naturaleza. De la vida brota la libertad que, sobretodo en esta fase se manifiesta como responsabilidad. Es el gran momento de la decisión, en una doble opción: una en cuanto al estado de vida y otra en cuanto a la profesión. Responde a la cuestión: ¿qué hacer con la vida?
En otras palabras, la juventud se muestra como una riqueza porque lleva al descubrimiento de la vida como un don y como una tarea. El joven del Evangelio percibió la riqueza de su juventud. Fue hasta Jesús, el Buen Maestro, a buscar una orientación. Pero a la hora de la gran opción no tuvo coraje de apostar todo en Jesucristo. Consecuentemente salió de allí triste y abatido. Es lo que pasa toda vez que nuestras decisiones flaquean y se vuelven mezquinas e interesadas. Sintió que faltó generosidad, lo que no le permitió una realización plena. Se cerró sobre su riqueza, tornándola egoísta. Jesús sintió mucho la tristeza y la mezquindad del joven que lo fue a buscar. Los Apóstoles, como todos y todos vosotros hoy, rellenan esta laguna dejada por aquel joven que se retiró triste y abatido. Ellos y nosotros estamos alegres porque sabemos en quién creemos (2 Tim 1,12). Sabemos y damos testimonio con nuestra propia vida de que solo Él tiene palabras de vida eterna (Jn 6,68). Por eso, como San Pablo, podemos exclamar: "estad siempre alegres en el Señor" (Fil 4,4).
7. Mi pedido hoy, a vosotros jóvenes, que vinisteis a este encuentro, es que no desaprovechéis vuestra juventud. No intentéis huir de ella. Vividla intensamente, consagradla a los elevados ideales de la fe y de la solidaridad humana. Vosotros, jóvenes, no sois apenas el porvenir de la Iglesia y de la humanidad, como una especie de fuga del presente, por el contrario: sois el presente joven de la Iglesia y de la humanidad. Sois su rostro joven. La Iglesia necesita de vosotros, como jóvenes, para manifestar al mundo el rostro de Jesucristo, que se dibuja en la comunidad cristiana. Sin el rostro joven la Iglesia se presentaría desfigurada.
(en español) Queridos jóvenes, dentro de poco inauguraré la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.
Os pido que sigáis con atención sus trabajos; que participéis en sus debates; que recéis por sus frutos. Como ocurrió con las Conferencias anteriores, también ésta marcará de modo significativo los próximos diez años de Evangelización en América Latina y en el Caribe. Nadie debe quedar al margen o permanecer indiferente ante este esfuerzo de la Iglesia, y mucho menos los jóvenes. Vosotros con todo derecho formáis parte de la Iglesia, la cual representa el rostro de Jesucristo para América Latina y el Caribe.
(en francés) Saludo a los de habla francesa que viven en el Continente latinoamericano, invitándolos a ser testimonios del Evangelio y actores de la vida eclesial. Me uno particularmente a vosotros los jóvenes, sois llamados a construir vuestra vida sobre Cristo y sobre los valores humanos fundamentales. Que todos os sintáis invitados a colaborar en la edificación de un mundo de justicia y de paz.
(en ingles) Queridos jóvenes amigos, como el joven del Evangelio, que preguntó a Jesús “ qué debo hacer para tener la vida eterna?” , todos vosotros buscáis maneras de responder generosamente al llamado de Dios. Rezo para que escuchéis su palabra salvadora y os tornéis sus testigos ante los pueblos de hoy. Que Dios derrame sobre vosotros sus bendiciones de paz y alegría.
Queridos jóvenes, Cristo os llama a ser santos. Él mismo os convoca y quiere andar con vosotros, para animar con Su espíritu los pasos del Brasil en este inicio del tercer milenio de la era cristiana. Pido a la Señora Aparecida que os conduzca, con su auxilio materno y os acompañe a lo largo de la vida.
¡Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo!
> Obispos en, con y por México
>
> Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San
Cristóbal de Las Casas
>
> SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 17 de abril de 2010 (ZENIT.org).-
Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe
Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas,
con el título "Obispos en, con y por México".
> VER
>
> De cuando en cuando, algún despistado sigue afirmando que
los obispos somos ciudadanos del Vaticano, y que hasta que
no renunciemos a esa "dependencia", no se nos pueden
reconocer más derechos ciudadanos. Con esos juicios, sólo
demuestran su ignorancia o su mala fe. ¡Somos tan mexicanos
como el que más! Estamos encarnados en nuestras realidades
nacionales, con sus luces y sombras, y comulgamos con los
gozos y las esperanzas, los dolores y los sufrimientos del
país. Nos preocupan sus problemas y tratamos de ofrecer
nuestro aporte a su solución.
>
> Estamos reunidos 110 obispos en asamblea ordinaria de
nuestra Conferencia Episcopal, para revisar y aprobar los
programas de trabajo de las ocho Comisiones Episcopales y de
sus respectivas Dimensiones, cada cual con su propia
identidad y misión. El tema central no es la pederastia
clerical, aunque en las ruedas diarias de prensa que se
programan se tuvo que decir una palabra al respecto, en
respuesta a las reiteración ya morbosa de los medios
informativos, que con frecuencia prescinden del fondo de
nuestra asamblea y sólo resaltan asuntos puntuales y
transitorios. Hay temas mucho más graves y urgentes, como la
pobreza, la inseguridad, la violencia, el narcotráfico, las
reformas que el país requiere, y que debemos tomar en cuenta
en nuestra pastoral evangelizadora.
>
> JUZGAR
>
> Hace dos meses, con mucho cuidado elaboramos un documento
colegial ante la violencia y el narcotráfico, titulado "Que
en Cristo, nuestra paz, México tenga vida digna". Lamento
que muchos presbíteros, diáconos, religiosas, catequistas y
fieles no lo conozcan, y que la prensa no le haya dado la
importancia que merece.
>
> En una primera parte, ante la escalada del crimen
organizado, expresamos que hay varios factores que
contribuyen a la inseguridad y violencia, como la pobreza y
la desigualdad, la insuficiencia de las reformas económicas,
el desempleo y subempleo, la corrupción e impunidad, la
delincuencia común, las deficiencias en la procuración de
Justicia, las inequidades en el sistema penitenciario, la
violencia institucionalizada, los excesos de las fuerzas de
seguridad. Señalamos que hay diferentes formas de violencia:
intrafamiliar, contra las mujeres, infantil, entre los
jóvenes y adolescentes, en la vida comunitaria. Hablamos de
la importancia que tiene educar para la justicia, el respeto
y la paz, desde la escuela, los medios de comunicación, la
religión y la cultura.
>
> En la segunda parte, con la luz del Evangelio y de nuestra
doctrina social, presentamos a Dios que es Creador y Padre
de todos, que nos ama con amor misericordioso. El pecado
acecha a nuestra puerta, pero podemos dominarlo. El Padre
nos envió al Príncipe de la paz, Cristo, en quien no hay
lugar para la violencia. Desde el Bautismo, estamos llamados
a formar una humanidad nueva, al servicio de la unidad, la
reconciliación y la paz, dando frutos de justicia. Con la
fuerza del amor y en comunión con todos los hombres y
mujeres de buena voluntad, hemos de preocuparnos por el bien
común universal.
>
> ACTUAR
>
> En la tercera parte del documento, insistimos en promover
el desarrollo humano pleno, el respeto de los derechos y
deberes humanos, la justicia y la solidaridad, la
reconciliación social, como camino para construir la paz y
la tranquilidad. Para ello, formar mujeres y hombres nuevos
en Cristo, a partir de una adecuada transmisión de la fe, de
una integral tarea educativa, de familias que viven en
armonía y de una vida comunitaria fraterna.
>
> Educarnos para la paz significa difundir pensamientos de
paz, fomentar sentimientos de paz, impulsar gestos de paz,
promover un lenguaje de paz, educar para la legalidad y
aprender de la historia. Los medios de comunicación han de
estar al servicio de la paz.
>
> Conozcamos, difundamos y pongamos en práctica este
documento, y hagamos lo que nos toca para que en nuestra
patria se superen la violencia y la inseguridad, y vivamos
en la paz que todos anhelamos. No deleguemos esta
responsabilidad sólo en la autoridad civil y en la fuerza de
las policías y los ejércitos. Todos podemos y debemos hacer
algo.
>
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