
Homilía de S.E.R. Mons. Christophe Pierre,
Nuncio Apostólico en México
ACM
80 Aniversario de la Acción
Católica
Mexicana
Puebla
de
los
Ángeles,
Pue.,
26
de
Julio
de
2009
Es
para
mí
motivo
de
gozo
estar
aquí
con
todos
ustedes,
representantes
de
la
Acción
Católica
Mexicana
reunidos
para
celebrar
el
80
aniversario
de
la
Asociación
en
México
y
para
reflexionar,
como
dice
su
lema,
sobre
los
"80
años
de
Acción
Católica
Mexicana:
ayer
fecundo,
hoy
exigente,
mañana
esperanzador".
En
este
contexto
les
deseo
que
releyendo
con
iluminado
discernimiento
la
historia
que
les
ha
precedido,
individuando
claramente
los
dones
que
el
Espíritu
les
ofrece
hoy,
miren
y
afronten
con
optimismo
el
nuevo
futuro.
La
Acción
Católica,
a
través
de
la
tarea
formativa,
del
servicio
pastoral
efectivo
dentro
de
las
estructuras
eclesiales,
de
las
situaciones
existenciales
y la
reconstrucción
practica
de
la
síntesis
entre
fe y
vida
en
todo
ambiente,
a lo
largo
de
los
años
ha
llevado
a
cabo
una
admirable
obra
evangelizadora
que
ha
contribuido
a la
santificación
de
muchos
y a
la
formación
cristiana
de
las
conciencias,
que
ha
impregnado
de
espíritu
evangélico
alas
comunidades
y
los
ambientes.
Este
ha
sido,
a lo
largo
de
los
años,
el
objetivo
de
la
Acción
Católica
y de
cada
uno
de
sus
miembros,
y
¡cuántos
esfuerzos
se
han
realizado
por
alcanzado!,
pero
también,
innumerables
ha
sido
los
logros
obtenidos,
también
aquí,
en
esta
amada
tierra
de
Santa
María
de
Guadalupe.
Fue
precisamente
el
24
de
Diciembre
de
1929
cuando
oficialmente
se
creó
la
Acción
Católica
Mexicana
integrada,
entonces,
por
la
hoy
llamada
Unión
Femenina
Católica
Mexicana
(UFCM);
la
Asociación
Católica
de
la
Juventud
Mexicana
(ACJM);
la
Juventud
Católica
Femenina
Mexicana
(JCFM)
y la
Unión
de
Católicos
Mexicanos
(UCM);
a
ellas
se
añadió
después
la
Obra
Nacional
de
Instrucción
Religiosa
(ONIR).
En
las
décadas
siguientes,
la
Acción
Católica
se
adentró
con
gran
entusiasmo
en
un
proceso
dinámico
para
constituir
grupos,
comités
y
juntas
a
todos
los
niveles
y
para
crecer
cualitativa
y
cuantitativamente,
desarrollando
contemporáneamente
una
intensa
actividad
en
la
formación
de
sus
militantes,
en
el
apostolado
catequético
y
social,
colaborando
en
actividades
parroquiales,
difundiendo
la
buena
prensa,
prestando
servicios
en
favor
de
la
familia
y de
la
promoción
humana,
siempre
iluminados
por
el
fecundo
y
específico
Magisterio
de
los
Sumos
Pontífices,
del
Concilio
Ecuménico
Vaticano
II,
de
las
Conferencias
Episcopales
Latinoamericanas,
de
la
Conferencia
Episcopal
Mexicana
y de
los
Obispos
diocesanos.
Años
y
años,
todos
colmos
de
esfuerzos
y de
búsqueda,
de
adaptación,
de
cambios
y de
revisión
constante;
de
integración
en
la
pastoral
orgánica
de
las
diócesis
y,
también,
de
dificultades
prácticas
para
armonizar
la
doble
proyección
de
la
Asociación:
como
colaboradora
en
la
construcción
de
la
comunidad
eclesial
y
como
institución
formadora
de
laicos
para
la
evangelización
de
las
realidades
temporales.
Así,
desde
hace
ya
80
años,
bajo
la
guía
y
paternal
atención
del
Magisterio,
la
presencia
y el
apostolado
de
la
Acción
Católica
ha
sido
por
demás
fecundo
y
valioso.
¡Cuántas
vocaciones
sacerdotales
y
religiosas
surgieron
de
su
seno!
¡Y
cuántos
padres
de
familia
lograron
ser
verdaderos
educadores
y
formadores
de
sus
hijos,
gracias
a la
formación
recibida
y al
apostolado
ejercido
con
amor
y
con
entusiasmo
en
la
propia
parroquia
y en
la
propia
diócesis!
¡Y
qué
decir
de
los
mártires!
Sí,
hermanos.
De
mucho
hay
que
alegrarse
y de
mucho
hay
que
dar
gracias.
Alegrarse
y
dar
gracias
por
el
ejemplar
pasado
de
la
Acción
Católica,
pero,
ante
todo,
por
el
providencial
carisma
que
la
hizo
nacer,
es
decir,
por
aquel
don
particular
del
Espíritu
que
hace
que
nunca
falten
en
su
Iglesia
los
talentos
y
recursos
de
gracia
que
los
fieles,
''piedras
vivas
del
edificio
santo
de
Dios",
necesitan
para
servir
a la
causa
del
Evangelio;
para
hacer
que
el
Evangelio
se
encuentre
con
la
vida
del
hombre
como
luz,
la
más
elevada
y
verdadera,
que
puede
orientar
a la
sociedad
en
la
construcción
de
la
"civilización
del
amor".
Hoy,
-decía
el
Papa
Pablo
VI
el
25
de
abril
de
197-,
"la
Acción
Católica
tiene
que
descubrir
de
nuevo
la
pasión
por
el
anuncio
del
Evangelio,
única
salvación
posible
para
un
mundo
que
de
otro
modo
caería
en
la
desesperación.
Ciertamente,
la
Acción
Católica
ama
al
mundo,
pero
con
un
amor
que
recibe
la
inspiración
del
ejemplo
de
Cristo.
Su
modo
de
servir
al
mundo
y de
promover
los
valores
del
hombre
consiste
primariamente
en
evangelizar,
en
coherencia
lógica
con
la
convicción
de
que
en
el
Evangelio
de
encierra
el
poder
más
estremecedor,
capaz
de
hacer
verdaderamente
nuevas
todas
las
cosas"
(L'Osservatore
Romano,
Edición
en
Lengua
Española,
l de
mayo
de
1977,
Pág.
2).
Mucho
se
ha
dicho
y
mucho
se
dirá
sobre
este
siglo
XXI
que
estamos
aún
iniciando,
tan
turbulento
e
inquieto,
con
múltiples
desafíos
en
las
diversas
áreas
del
existir
humano,
político,
social
y
religioso,
en
las
que
a
veces
parece
prevalecer
el
'pluralismo
ideológico'
que
frecuentemente
se
manifiesta
hostil
a
los
verdaderos
valores,
partidario
del
'laicismo',
promotor
de
crisis
en
las
instituciones
e
incluso
de
dramática
inquietud
en
las
conciencias.
Ante
ello
es
obvio
el
por
qué
se
hace
necesario
promover
en
sí
mismo
y en
los
demás,
la
madurez
de
la
conciencia
cristiana.
Pues,
en
efecto,
no
será
posible
comprometer
auténtica
y
conscientemente
el
propio
tiempo
y
las
propias
capacidades
a
favor
de
la
salvación
y
santificación
de
las
almas,
si
no
se
tiene
certeza
y
claridad
sobre
las
verdades
que
debemos
creer
y
practicar.
Sobre
la
inseguridad,
la
incertidumbre,
la
confusión,
la
contradicción,
es
imposible
edificar.
Para
iluminar
y
motivar
se
necesita
el
testimonio
transparente
de
una
fe
iluminada
y
convencida.
Testimonio
transparente
de
la
fe
que,
por
otra
parte,
queridos
hermanos,
podrá
ofrecerse
sólo
si
es
consecuencia
de
aquella
fundamental
opción
por
un
consciente
y
serio
anhelo
de
santidad.
Tarea
del
militante
de
la
Acción
Católica
es
dar,
amar,
iluminar,
llevar
paz
y
alegría;
pero,
si
no
hay
anhelo
de
santidad,
¿cómo
podrán
poseerse
estos
dones?
Y
¿cómo
podrán
ofrecerse?
Esto
es
lo
esencial:
comprometerse
en
ser
santos.
Aunque
hay
que
trabajar,
y
mucho,
el
servicio
eclesial
de
la
Acción
Católica
no
puede
reducirse
a un
mero
activismo,
su
servicio
a la
Iglesia
inicia
y se
desarrolla
en
el
anhelo
de
sus
militantes
por
ser
santos
y
para,
desde
ahí,
laborar
por
forjar
conciencias
cristianas
maduras
en
los
discípulos
y
misioneros
de
Jesús.
Como
hicieron
los
Sumos
Pontífices
en
el
reciente
pasado,
también
hoy
hay
que
afirmar
que
la
Iglesia
no
puede
prescindir
de
la
Acción
católica.
La
Iglesia
necesita
de
laicos
que
fieles
a su
vocación
-
que
esencial
y
radicalmente
es
la
llamada
a la
santidad
-, y
congregados
en
tomo
a
los
legítimos
pastores,
estén
dispuestos
a
compartir,
junto
con
ellos,
la
labor
diaria
de
la
evangelización
en
todos
los
ambientes.
En
este
contexto
conviene
recordar
también
que
lo
que
hace
que
la
Acción
católica
no
sea
una
asociación
eclesial
cualquiera,
sino
un
don
de
Dios
para
el
incremento
de
la
comunión
eclesial,
es
su
vínculo
directo
y
orgánico
con
la
diócesis
y
con
su
obispo,
con
las
parroquias
y
sus
pastores,
junto
a
los
cuales
asumen,
como
propios,
el
camino,
las
opciones
pastoral
es y
la
espiritualidad
de
la
Iglesia
diocesana.
Queridos
hermanos
y
hermanas.
Ustedes,
militantes
de
la
Acción
Católica
han
decidido
acoger
la
palabra
de
Cristo
en
sus
vidas
y,
por
ello,
se
han
comprometido
y se
esfuerzan
por
ser
también
más
conscientes
de
la
misión
que
Cristo
les
ha
confiado
y
sigue
confiando.
"La
Iglesia
no
puede
prescindir
de
la
Acción
Católica",
afirmó
el
Papa
Juan
Pablo
11.
Y es
que
la
Iglesia
los
necesita:
los
necesita
laicos,
los
necesita
ejemplares,
los
necesita
santos
discípulos
y
misioneros,
con
la
Iglesia
y en
la
Iglesia,
para
el
mundo.
La
Acción
Católica,
por
ello,
debe
empeñarse
por
seguir
siendo
la
gran
escuela
de
espiritualidad
laical
y de
apostolado
asociado
que
sabe
y
quiere
poner
a
disposición
de
las
ciudades
y de
los
pueblos,
de
los
lugares
de
trabajo
y de
la
escuela,
de
la
salud
y
del
tiempo
libre,
de
la
cultura,
de
la
economía
y de
la
política,
su
identidad,
conciencia
y
labor
cristiana.
Recordando
la
frase
que
el
Papa
Paulo
VI
dirigiera
a la
Acción
Católica
en
1968:
"Vuestra
historia
es
como
un
motor
que
os
impulsa",
orgullosos
y
agradecidos
por
su
pasado,
asuman
con
responsabilidad
el
presente
y
pónganse
en
marcha
reflejando
aún
más
su
riqueza
espiritual.
El
secularismo
o la
persecución,
el
individualismo
o el
cansancio,
el
enfrentamiento
con
las
diversas
visiones
de
la
vida
o la
injusticia
nos
dicen
que
cuan
sea
necesario
dirigir
constantemente
y
vivir
siempre
con
la
mirada
puesta
en
Jesús:
sólo
contemplando
a
Jesús
sabremos
y
podremos
hacerlo
presente,
fiel
e
íntegramente,
a
los
hombres
de
nuestra
época.
Asuman,
pues,
queridos
hermanos
y
hermanas
y
manifiesten
en
todas
partes,
su
compromiso
a
favor
de
la
evangelización,
con
un
nuevo
fervor
misionero;
déjense
iluminar,
tocar
e
impulsar
por
su
historia
marcada
con
el
ejemplo
luminoso
de
los
santos
y
beatos;
brillen
ustedes
también
hoy
por
la
fidelidad
a la
Iglesia
y
por
su
esfuerzo
por
ser
santos.
Sean
en
el
mundo
presencia
profética
y
trabajen
para
que
nuestro
mundo
recupere
el
verdadero
sentido
del
hombre
y de
su
dignidad,
el
valor
de
la
vida
y la
familia,
de
la
paz
y la
solidaridad,
de
la
justicia
y la
misericordia.
Fijen
audazmente
su
mirada
en
Jesús
y,
desde
una
auténtica
renovación,
láncense
con
esperanzador
optimismo
para
conquistar
el
mundo
a
Cristo
Jesús.
No
tengan
miedo.
María,
nuestra
Madre,
intercede
por
nosotros.
Invóquenla
siempre
y
confiadamente:
Ella
es
la
Virgen
de
la
ternura,
de
la
esperanza
y la
fortaleza.
Ella
es
el
'Trono
de
la
sabiduría',
que
iluminará
su
camino
de
fidelidad.
Ella
es
Madre
de
la
Iglesia,
siempre
presente
en
nuestras
parroquias
y
diócesis.
Sean
mensajeros
fieles,
generosos,
incansables
y
valientes
de
Cristo
en
todos
los
lugares
en
los
cuales
llevan
a
cabo
su
cuotidiana
actividad.
Y
siguiendo
el
ejemplo
de
los
Santos
mártires,
hagan
de
la
Acción
Católica
Mexicana
una
cada
vez
más
verdadera
escuela
de
santidad,
sintiéndose
"llamados
a
continuar
con
renovado
ardor
apostólico
y
misionero
el
estilo
evangélico
de
vida
que
nos
han
trasmitido"
(DA
275).
¡Felicidades
en
su
aniversario
y
que
el
Señor
colme
a la
Acción
Católica
Mexicana,
a
cada
uno
de
ustedes
y a
todos
sus
seres
queridos,
de
abundantes
bendiciones!
Así
sea.