El Señor en el Evangelio que se medita hoy, adelanta a sus discípulos por segunda vez, la noticia de su muerte en la cruz y de su resurrección. Pero aquellos hombres no entienden lo que significa la cruz ni la resurrección y además, les da miedo preguntarle sobre ello. Siguen pensando en otro Mesías, en el Mesías glorioso, triunfador, poderoso y aún en nuestros tiempos también lo queremos tener así.
Por eso, mientras Jesús les habla de servicio a los demás hasta el sacrificio, ellos están en una discusión sobre quién ocupará el primer puesto en el Reino. Aquellos hombres apreciados militantes de la ACM, al igual a los de hoy, luchan por el poder, por el prestigio, el sobresalir. Entre aquellos hombres había unos más listos, otros más radicales, otros más piadosos, hablando de quien sería el más importante.
Entre nosotros puede pasar o pasa lo mismo, ¿cuáles han sido durante la semana nuestras discusiones? Han sido por quien es mejor en el trabajo, en la familia, en la escuela, en la Iglesia.... ¿en dónde se ha manifestado nuestra agresividad?, ¿dónde y por qué proceden las luchas entre nosotros? Seguro que en nuestras discusiones siempre nos hemos preguntado por quién es el más importante, y la mayoría de las veces, hemos concluido que "soy yo" el de los mejores ideas, el del sacrificio, el de mejores méritos.....
El poder de los hombres se manifiesta en la imposición, violencia, discusión, sembrando odios y sufrimientos.
Apreciados amigos, reflexionemos sobre el poder de Dios y que estos nos ayude a ser buenos apóstoles del Él, el poder de Dios se manifiesta, en el amor por todos y por todo, en la vida, en la libertad, en la comunicación, en el respeto.....
Para que lo entendamos bien, Jesús nos pone como ejemplo a un niño: con lo que el niño tiene de frágil y desamparado, sin poder, sobre todo en aquel tiempo en que los niños eran muy poco considerados y valorados.
La figura bíblica del niño, aparte de ser símbolo de inocencia y ternura, también lo es de marginación y de ser indefensos. Los niños eran pequeños esclavos de los adultos y hoy también sucede eso.
Jesús no puso como ejemplo al rico, al político, al poderoso, al guerrero, sino al débil, sencillo, humilde, desarmado.
Actuar en servicio a los demás, con generosa ejemplaridad, es hacer presente a Dios en un mundo egoísta, violento, en el que todos quieren ser los primeros, los ricos, los poderosos, aunque sea a costa de los demás.
Ponerse al servicio de los demás y acoger a un niño, con lo que eso significaba en tiempos de Jesús, es recibir al Señor.
¡Dios nuestro Señor los colme de bendiciones!
"La Paz de Cristo en el Reino de Cristo"
Pbro. Guadalupe Rodríguez Martínez |