Octubre 12 del 2003
Vigésimo Octavo
Domingo Ordinario

Muy pronto empezó Jesús a mostrar sus preferencias: "Dichosos los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos". Fue el Sermón de la Montaña, al comenzar su vida pública. Y muy pronto, también señaló el gran peligro de la situación contraria: "Hay de ustedes los ricos porque ya han recibido su consuelo".

El pasaje evangélico de hoy, es un ejemplo de estas líneas maestras que Cristo trazó, por los que quisieron emprender el camino del Reino: "No se puede servir a Dios y al dinero". Buen camino, el de la pobreza. Peligroso camino, por el contrario la riqueza.


Y sin embargo, la riqueza, en sí misma, no es un mal, es un bien. Dios no solo es "Rico en misericordia". Es rico en todo. Suyos son el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad, Él hizo el universo, vio que era bueno, y se lo dio dadivosamente al hombre; "sometan a la tierra".

Lean el Antiguo Testamento, y vean que a los que Dios ama los colma de bienes. A Abraham le dijo Dios: "Toda esta tierra te daré para ti y tus descendientes". Por eso luego se nos dice: "Abraham era muy rico en ganado, plata y oro". Lo mismo pasa con Isaac: "Yavé le bendecía y el se enriqueció más y más".

En cuanto a su pueblo, recuerden lo que dijo: "Te daré una tierra que mana leche y miel, y allí no faltará de nada". Por otra parte, la Sagrada Escritura consideraba las riquezas como premio a la sagacidad, al trabajo, a la audacia y a otras virtudes: " No ames el sueño, que te harás pobre". "Ten abierto los ojos y te hartarás de pan", dicen los Proverbios.

Pero cuando el hombre no se da cuenta de que las riquezas sólo son un camino para conseguir la otra riqueza, la única, entonces se le desmorona toda su jerarquía de valores, y convierte en fin lo que sólo es un medio. Ante ese medio que es el "becerro de oro", se arrodilla después de haber fundido en él todos los otros ideales.

Eso le pasó, apreciados militantes de la ACM al joven rico, y ojalá que a ninguno de los socios les pase eso. El joven rico no era malo, era bueno. Pero su corazón estaba ganado por las riquezas. Eso le pasó igualmente a aquel otro hacendado que después de una gran cosecha se dijo: Amigo, tienes bienes para muchos años, come, bebe y date buena vida. Eso mismo les pasó a aquellos tres invitados que rechazaron el convite del Señor, agarrándose a unas yuntas de bueyes, a una finca y a una esposa. Todos ellos pensaban que sus riquezas eran ya la dicha, la seguridad, el verdadero reino. Confundían las riquezas con la "Riqueza" que es Dios.

Así, apreciados amigos no es que el rico sea más malo que el pobre, lo que pasa es que al saberse rico, primero cree bastarse él solo; por confiar en sus riquezas se olvida de él mismo, de los demás y de Dios

¡Dios nuestro Señor los colme de bendiciones!
"La Paz de Cristo en el Reino de Cristo"

Pbro. Guadalupe Rodríguez Martínez
VICE - ASISTENTE NACIONAL DE LA ACM